Comparto un reciente análisis del, tal vez, más
influyente columnista y editorialista del diario
ClarÃn de Buenos Aires, sobre el proceso de
demonización "concertada" de la "triple frontera", el
emprendimiento de reinserción de la inteligencia
norteamericana en continente sudamericano a través del
"corredor" paraguayo, el "refritado" impulso de la
coordinación de inteligencia regional de muy triste y
reciente antecedente, la utilización de "enemigos
fantasmas" para reapuntalar gobiernos y grupos
conservadores en el poder polÃtico y económico (como
el claro caso paraguayo), como parte de un movimiento
mayor de la gran potencia del norte para volver a
cuidar su tradicional patio trasero con la habitual
mano de hierro con la que apoyó a todas las dictaduras
y gobiernos de fuerza del continente americano en los
últimos cincuenta años. Este material, se acuerdo a
cada óptica, puede ser leÃdo entre lÃneas o en su más
amplia acepción, sin que se pierdan datos para anotar
y tener en cuenta.
Federico Tatter.
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LA MANO DE WASHINGTON : EL DESPLIEGUE HEGEMONICO DE LA
CASA BLANCA
Un nuevo avance del poder estadounidense
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Oscar Raúl Cardoso. Clarin, 29 de agosto de 2006. En
2001 y en 2003 fueron las invasiones de Afganistán e
Irak y este año la guerra israelà contra el LÃbano,
las instancias que, por su espectacularidad,
oscurecieron el hecho de que detrás de la caza de
fantasmales redes terroristas y no menos inasibles
armas de destrucción masiva, lo que se está operando
es un redespliegue del poder polÃtico, económico y
militar del hegemón estadounidense en el mundo. Quizá
una futura acción bélica contra Irán, que muchos creen
inevitable, termine por hacer visible ese intento.
Pero el proceso no se desarrolla sólo en el Asia,
conviene puntualizar. Desde agosto de 2005 —cuando el
secretario de Estado Donald Rumsfeld realizó su
primera y hasta hoy única visita a América del Sur—
sabemos que Washington ha vuelto sobre esa región una
mirada nuevamente torva que parecÃa haberse distraÃdo
a comienzos de siglo. Como lo narró David S. Cloud
hace un año en las páginas de The New York Times,
aquel viaje de Rumsfeld tuvo el inconfundible eco de
la Guerra FrÃa, cuando el discurso primario
estadounidense también era el de advertir contra "la
insurgencia izquierdista y la infiltración comunista".
La ola de regÃmenes democráticos de centro—izquierda,
al menos en la estrecha percepción de Estados Unidos,
que inauguró Hugo Chávez en Venezuela a fines de los
90 está obviamente detrás de ese interés renovado,
como también lo está el hecho de que algunos proyectos
estadounidenses de disciplinamiento económico de la
región, sobre todo el ALCA, se empantanaron en la
resistencia de varios paÃses.
En América del Sur, el problema de ese interés es que
se escuda tras una realidad compleja en la que se
mezclan el crimen organizado y el tráfico de drogas,
la demonización deliberada de algunas zonas —como la
asà llamada "Triple frontera" que comparten Brasil,
Argentina y Paraguay— y el intento por instalar
también aquà como prioridad la "guerra infinita" de
George Bush contra el terrorismo. Esta es un mal
negocio, ya se sabe, pero no por eso deja de ser un
imán polÃtico difÃcil de resistir para grupos de poder
local que ven detrás de aquella guerra la promesa de
un orden social severamente controlado.
Asà las cosas es difÃcil separar la paja del trigo.
Hace una semana, por ejemplo, la SecretarÃa Nacional
Antidrogas de Paraguay inauguró en la ciudad de Pedro
Juan Caballero, departamento de Amambay, fronterizo
con Brasil, su más moderno cuartel para la lucha
antidroga. EE.UU. invirtió en este proyecto casi 500
mil dólares (incluyendo la provisión de helicópteros y
una pista de aterrizaje).
La zona efectivamente tiene una penetración criminal
importante. Hace unos dÃas, el diario Estado do Sao
Paulo reveló que el grupo delictivo conocido como
"Primer Comando de la Capital" —responsable de haber
paralizado con atentados a la principal ciudad
brasileña hace una semanas— tiene en Pedro Juan
Caballero una importante base de operaciones. La
Argentina y Paraguay además se han sumado, con el
beneplácito de EE.UU., a un Centro Regional de
Inteligencia sobre la "Triple frontera" creado por
Brasil hace un año.
El problema es que las demandas que acompañan siempre
a este tipo de asistencia estadounidense suelen no
detenerse en la lucha contra el crimen. Seis años y
4.700 millones de dólares después de iniciar el Plan
Colombia para combatir el narcotráfico —reveló en un
reciente informe The New York Times—, ese programa
parece haber servido más para asistir a Bogotá en su
guerra civil contra grupos guerrilleros que para
detener el flujo de cocaÃna hacia el mercado
estadounidense.Fin.